
El CD Tenerife B mereció mucho más que el empate ante el Castillo, ya que el filial blanquiazul tuvo el dominio y las ocasiones de gol, sobre todo en la segunda mitad. A pesar de encontrar el terreno de juego algo deteriorado por las lluvias, el grupo de Fabián Rivero mereció el triunfo ante un rival que siempre ha puntuado en la Ciudad Deportiva.
A partir de los primeros 20 minutos fue cuando se acercaron los equipos a las respectivas porterías. Primero fue Rubén Rosquete el que remató de cabeza un buen centro de Guayo y, la más clara la tendría el equipo visitante, cuando Alberto se vio obligado a enviar a saque de esquina un mal despeje de su compañero Jorge.
Juan Ramón se iba a convertir en el protagonista ofensivo de los locales con un remate en el minuto 26, desde la frontal, que se colaba por la escuadra y que Jonay sacó de forma acertada a córner. Y en el minuto 35, el mismo jugador se internó por la banda y su centro chut obligó, de nuevo, al meta del Castillo a emplearse a fondo para desviar a saque de esquina.
El Castillo comenzó la segunda parte con una idea clara, puntuar costara lo que costara, cometiendo numerosas faltas e interrupciones con el fin de que el filial no tuviera el ritmo necesario para desarrollar su juego.
En el minuto 52, el CD Tenerife B tuvo la ocasión de adelantarse en el marcador cuando Guayo ejecutó una falta y, tras tocar en un defensor, el esférico se estrelló en el travesaño. Y un cuarto de hora después sería Airam el que enviara al poste un una nueva falta.Los tinerfeños estaban volcados sobre la portería de Jonay y el gol podía llegar en cualquier momento. Así, Airam pudo marcar tras un centro de Omar Ramos en el minuto 75, pero su disparo lo sacó un defensor cuando ya se colaba.
En los últimos minutos decayó la llegada del equipo blanquiazul y fueron los grancanarios los que se aproximaron a la puerta de Alberto primero con un remate de cabeza de Yeray, solo en el segundo palo, que remató alto y luego en un gol anulado por fuera de juego que protestaron mucho los visitantes y que hubiera sido demasiado premio para los méritos merecidos por unos y otros
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